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Los metodistas

Los metodistas

 

 

“El método” es una película que ví ayer, mientras me empachaba de Maltesers por culpa de una amiga que lleva kilos de chocolate en el bolso.

La película de Marcelo Pinyero, en esta producción hispano-italo-argentina, enlaza los aspectos más oscuros del ser humano. Se relaciona  la idea de Hobbes donde el hombre es un lobo para el otro hombre, con la competencia entre dos personas que podían ser el uno para el otro, con el  neocapitalismo vigente donde el ser humano es una mercancía que hay que exprimir al máximo.

La habitación donde transcurre la trama es fría, aséptica, impersonal. Sin lugar a dudas,  una metáfora del modelo de empresa actual. En la corporation no caben ni sentimientos, ni valores. Hay que darlo todo por la empresa, hay que vivir en ella, hay que asumirla como un elemento integrante de la personalidad. A vivir así, están más o menos dispuestos los protagonistas. Estos tienen unas vidas fragmentadas e  incompletas – grises –. A pesar de sus conocimientos y de sus triunfos lo único que parece dar sentido a sus miserables existencias es conseguir un puesto de trabajo en DEKIA. Pero todos tienen ya un puesto de trabajo, no buscan por necesidad. Ya están realizados, pero buscan más. Son insaciables. ¿Por qué? Porque las empresas nos educan en ese concepto: “tú puedes llegar más alto”. Quizás, esto es culpa de la psicología barata de autoayuda que muchos engullen, por la cual siempre puedes ser más, donde eres fuerte, eres grande. Casi tan perfecto e imprescindible como la empresa.

Pero “El Método” nos plantea un interrogante. ¿Qué ocurrió durante las horas que los protagonistas se devoran entre ellos y a sí mismos? ¿Una revolución? ¿Un “hasta aquí hemos llegado”? Hay un panorama desolador: el Paseo de la Castellana prácticamente arrasado por una manifestación contra el BM y el FMI.

¿Realmente algún día los trabajadores se opondrán a esta economía que se nos viene encima y ya nos pisa las cabezas? La verdad es que estamos en una época de crisis donde, como dijo Gramsci, lo viejo no ha muerto y lo nuevo todavía no ha nacido.

¡Salud!

 

 

 

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Ça commence aujourd'hui

“Hoy empieza todo” (1998) es una película ambientada en un pueblo ex minero en el norte de Francia. Es cine social, es crítica a un sistema de bienestar amenazado en Europa, es Bertrand Tavernier, es una película rodada con técnica documental, es una mezcla deliciosa de música y fotografía.
Un pueblo triste y lluvioso acoge la historia de un director de una escuela infantil llamado Daniel Lefebre (Philippe Torreton). Un personaje demasiado idealista pero indomable por las autoridades. Un utópico del siglo XXI que protagoniza desencuentros con todo tipo de autoridades, incluido un alcalde comunista que ejemplifica el problema de la izquierda y su potencial electorado. Éste le espeta a un Lefebre exaltado que todos esos ciudadanos que le piden ayuda y bendicen el comunismo, cuando pierden los beneficios se marchan llorando a un partido de ultraderecha. Una especie de subasta en busca de quién promete más.
La crítica que desgrana este personaje en cada segundo de la película no es contra la institución educativa, sino contra la indiferencia del sistema de asistencia social. Se trata de un sistema pasivo, sin dinero, despreocupado de la realidad y más interesado en informes y tecnicismos que en los problemas diarios.
El hallazgo de esta película – cuyo guión ha sido escrito por un profesor de instituto – es mostrar el enorme vacío e incomprensión entre autoridades y vida cotidiana, el desconocimiento de una realidad social no cubierta por los medios y llena de trabas burocráticas.
A pesar de todo, Tavernier niega y afirma a la vez. Por un lado, denuncia un sistema podrido e inconsciente de los problemas que no resuelve y, por otro, insiste en la posibilidad de mejorar el sistema desde dentro. Un optimismo que sirve de epílogo para un largometraje cuyo prólogo no da cabida para la esperanza.

Noveles, cortos y... gratis!

Noveles, cortos y... gratis! Internet film community es una iniciativa original que nos permite ver cortos de cineastas noveles GRATIS. ¡Qué raro! Hoy en día, resulta raro que nos den algo gratis, sin nada a cambio. No te masacran con ventanitas de tías desnudas, ni de métodos milagrosos de alargamiento de pene. Todo muy sencillo: tecleas la dirección y te ves cortos gratis. Además, es una muy buena alternativa para aquéllos que les gusta el cine pero no tienen tiempo. Así que es estupendo para matar ese tiempo muerto antes de la cena en la que uno no sabe qué hacer.
Esta productora canadiense ha tenido esta genial idea que demuestra que hay gente que ha comprendido que no todo lo relacionado con la difusión de la cultura en Internet es pirateo y tacañería. Pero mis opiniones sobre el copy-left me las reservo para otro post.
Como la mayoría de las cosas que son gratis, tiene sus inconvenientes. Hay algunos cortos que no se pueden ver como por ejemplo Java noir. Será cuestión de intentarlo otro día a altas horas de la madrugada.
¿Qué ganan? Pues consiguen:

1) gente que les financie sus películas y futuros proyectos

2) recibir las críticas u opiniones de los navegantes de la red que se meten en este tipo de páginas.

Hay de todo: animación, experimental, drama, videos musicales, parodias… De los que he visto, mi favorito es “Who wants to be a billionaire?”.
Se me olvidaba: indispensable el inglés.
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Land of plenty

Land of plenty Acabo de volver del preestreno de "Tierra de abundancia" de Wim Wenders. Si tuviera que decir qué me ha gustado, diría:

1- El título que describe genial lo que es Estados Unidos. Una tierra enorme que parece derrochar todo lo bueno y lo malo de la Humanidad.

2- La ironía. Hay unos guiños irónicos que rozan el surrealismo.

3- Los actores. Las actuaciones de todos ellos son creíbles, sinceras y sin alardes.

En general, creo que el director logra mostrar de una forma excelente la situación anímica de un país donde algunos viven en un constante estado de paranoia colectiva, mientras otros se preguntan si algo no funciona mal cuando muchas personas celebraron la muerte de 3.000 personas en el 11-S.
Además, Wenders muestra un choque generacional entre un tío y una sobrina: uno vivió Vietnam y el 11-S, la otra sólo ha visto derrumbarse las Torres Gemelas. En la película, se juega con esos dos traumas de los americanos que se han impreso de forma indeleble en su vida cotidiana. Esas heridas han creado un peligro en el seno de la sociedad americana que es la uniformidad de pensamiento fomentada por unos medios totalmente interesados en que todo siga como ahora. Eso lo demuestra el contraste entre la guerra de Irak (con una cobertura enorme) y la extrema pobreza de algunos barrios de Los Ángeles.

Sin embargo, creo que esta película puede impresionar a un americano de Texas, pero no a un europeo, o a un americano que no viva manipulado por la Fox. La película es un poco simple y previsible. El final es el que todo el mundo se imagina desde el cuarto minuto y, eso es algo que resulta insoportable. Además, al principio, el ritmo de la película es lento (quizás por eso me costaba mantener los ojos abiertos).
En definitiva, una película que, por lo menos a mi modo de ver, tendría que pasar sin pena ni gloria… De todas formas, puede ser que mi cansancio no me haya dejado apreciar mucho más .
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